El número de la caja no es lo que le llega a tu móvil
Cuando compras un power bank de 20.000 mAh, lo lógico es pensar que esos 20.000 miliamperios-hora pasan directamente a tu teléfono. No es así. La capacidad que anuncia el fabricante se mide con el voltaje interno de las celdas de litio (3,7 voltios), pero la salida hacia el móvil funciona a 5 voltios. Convertir esa energía de un voltaje a otro no es gratis: una parte se pierde en forma de calor durante el propio proceso de conversión.
El resultado es que un power bank de 20.000 mAh no entrega 20.000 mAh reales a tu teléfono, sino algo entre el 60% y el 85% de esa cifra, según la eficiencia del circuito de conversión de cada modelo. Con una eficiencia media, en torno al 65%, esos 20.000 mAh anunciados se quedan en unos 13.000 mAh reales — suficiente para 3-4 cargas completas de un móvil actual, no las 5-6 que muchos esperan al ver el número grande en la caja.
Esto no es un defecto de fabricación ni un truco publicitario: todas las baterías externas del mercado pierden capacidad en esta conversión, sea cual sea la marca. La diferencia real entre modelos está en cuánto pierden. Los circuitos más eficientes se acercan al 85% de la capacidad anunciada; los más básicos se quedan más cerca del 60%.
La pregunta que lo decide todo: ¿cuántas cargas completas necesitas?
En vez de fijarte en el número más grande de mAh que encuentres, la pregunta útil es otra: ¿cuántas veces necesitas cargar tu móvil, tu tablet o tus auriculares antes de volver a un enchufe? Un smartphone actual tiene una batería de entre 3.500 y 5.000 mAh. Aplicando la pérdida de conversión, un power bank de 10.000 mAh (unos 6.500 mAh reales) te da aproximadamente una carga completa y un poco más; uno de 20.000 mAh (unos 13.000 mAh reales) se acerca a las 3 cargas completas.
Si solo necesitas llegar al final del día con el móvil, un power bank de 10.000 mAh es más que suficiente y pesa la mitad que uno de 20.000 mAh. Si vas a pasar varios días sin acceso fácil a un enchufe — un festival, una ruta de senderismo, un vuelo largo con escalas — la capacidad extra empieza a justificar el peso adicional.
La potencia (W) importa tanto como la capacidad — a veces más
La capacidad decide cuántas cargas caben dentro del power bank, pero la potencia, medida en vatios, decide la velocidad a la que llega esa energía a tu dispositivo. Son dos características independientes, y fijarse solo en los mAh es tan incompleto como fijarse solo en los vatios.
Un power bank de 5.000 mAh con salida de 22,5 W puede cargar tu móvil más rápido que uno de 20.000 mAh con salida de solo 10 W, simplemente porque entrega la energía con más caudal. La tecnología USB-C Power Delivery (PD), presente ya en la mayoría de power banks de gama media y alta, negocia automáticamente con tu teléfono la potencia exacta que este puede aceptar, en vez de forzar una velocidad de carga fija para todos los dispositivos.
Para un uso normal —móvil y algún accesorio— una salida de 20-30 W cubre la mayoría de casos. Si además vas a cargar un portátil, necesitas al menos 45-65 W, y para portátiles de mayor consumo hacen falta 100 W o más, una cifra que hoy solo ofrecen los power banks de gama alta.